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Aviso legal, cookies y política de privacidad: qué exige la ley a tu web

Tu web necesita aviso legal, política de privacidad y aviso de cookies: qué exige la ley, qué páginas son obligatorias y cuándo un generador no te salva.

Muchas webs de negocio tienen el pie de página con tres enlaces: "Aviso legal", "Política de privacidad", "Política de cookies". Otras tantas no tienen ninguno, y su dueño ni lo sabe. Cuando la ley llama a la puerta, el que no cumple se entera de qué era eso que le pidieron firmar cuando montó la web.

Esto no es una opinión ni una moda: en España hay dos normas que casi cualquier web de negocio toca. El RGPD (Reglamento General de Protección de Datos) es la norma europea que regula cómo se usan los datos personales de tus clientes y visitantes. La LSSI (Ley de Servicios de la Sociedad de la Información) es la ley española que obliga a identificar quién está detrás de cada web. Las dos se aplican desde hace años, y las dos se incumplen más de lo que se cree.

Las tres páginas que casi toda web necesita

Página Qué es Qué pone
Aviso legal La identificación de quién está detrás de la web Nombre o empresa, NIF/CIF, domicilio, correo de contacto, datos del registro si los hay
Política de privacidad La explicación de qué haces con los datos de quien te escribe Qué datos recoges, para qué, durante cuánto tiempo, y qué derechos tiene el usuario
Política de cookies La explicación de qué cookies usa tu web y para qué Tipos de cookies, finalidad, cómo se gestionan y cómo aceptarlas o rechazarlas

No es un trámite decorativo. Es la respuesta a una pregunta muy concreta: si alguien visita tu web y deja sus datos, ¿sabe quién se los lleva, para qué y cómo puede pedírtelos de vuelta? Eso es lo que regula la ley, y las tres páginas existen para responderlo.

El banner de cookies, bien entendido

Las cookies son pequeños archivos que se guardan en el navegador de quien visita tu web. Unas son imprescindibles (las que recuerdan que has iniciado sesión o que has añadido algo a la cesta) y no piden permiso. Otras no: las de medición de visitas, las de publicidad o las de redes sociales solo se pueden cargar si el visitante lo ha aceptado antes, de forma clara y sin trampas.

Eso es lo que pide el banner: que antes de cargar esas cookies no imprescindibles, el visitante pueda aceptar o rechazar, con la misma facilidad para las dos opciones. Un botón de "Aceptar" enorme y un enlace diminuto para rechazar no cumple, aunque muchísimas webs lo hagan así.

Qué es "tratar datos" (te afecta más de lo que crees)

La ley no solo mira a las grandes empresas. Cada vez que tu web tiene un formulario de contacto, un boletín, un sistema de reservas o una herramienta de medición de visitas, estás tratando datos personales: nombres, correos, teléfonos. El RGPD aplica igual a la clínica con formulario de cita que a la tienda con boletín, y la responsabilidad es tuya aunque la web la haya montado otro.

No digo que todo eso sea un problema: es la vida normal de un negocio. Lo que la ley pide es que ese tratamiento esté explicado y que el usuario lo sepa antes de dejar sus datos. Si tu formulario no dice para qué se usan los datos que recoge, tienes trabajo.

Qué pasa si no cumples

Las sanciones pueden ser muy altas: el RGPD contempla multas de hasta el 4% de la facturación anual en los casos más graves, cifras que hunden a cualquier pyme. No voy a darte números exactos de casos concretos, porque cada expediente depende de la gravedad y de la valoración de la Agencia Española de Protección de Datos, que es el organismo que vigila esto en España. Lo que sí está claro es que el riesgo no es teórico: hay procedimientos abiertos todos los años contra negocios pequeños, muchos por cosas tan simples como un formulario sin información o un banner de cookies mal puesto.

Antes de la multa está la reclamación: un cliente o un competidor puede denunciarte, y la AEPD abre un expediente que ya te cuesta tiempo y dinero aunque acabe en nada. Y hay un coste que no aparece en ninguna resolución: la confianza. Hoy los clientes miran si una web tiene sus páginas legales y su banner antes de dejar sus datos. Una web sin ellas parece un negocio que no se toma en serio.

Los dos mitos que conviene romper

"No necesito nada porque soy pequeño." Falso a medias. Hay webs que necesitan menos: una página de una sola cara sin formularios, sin medición de visitas y sin cookies no imprescindibles puede tener muy pocas obligaciones. Pero la mayoría de las webs de negocio recogen datos de una forma u otra, y ahí la ley aplica igual. La regla no es el tamaño: es si tratas datos personales.

"Un generador de páginas legales me lo arregla." Un generador te da un texto, no un análisis. El texto vale si refleja lo que tu web hace de verdad: qué formularios tiene, qué cookies carga, a quién ceden los datos. Si la plantilla dice cosas que tu web no hace, o se calla cosas que sí hace, no te protege: te da una falsa sensación de cumplimiento. Para casos con duda, la recomendación sensata es que un profesional (un abogado o un asesor con criterio) revise tu caso concreto. Esto es información general, no un consejo legal para tu web.

Compruébalo tú mismo

Abre tu web en una ventana de incógnito (así no engaña la caché, la copia guardada de la página). Revisa el pie de página: ¿están las tres páginas, aviso legal, privacidad y cookies? Entra en cada una y pregunta: ¿identifican a alguien real, explican qué se hace con los datos y qué cookies usa la web? Ahora vuelve a cargar la web y mira si aparece un banner de cookies con opción real de rechazar antes de que se cargue nada no imprescindible.

En la web de la Agencia Española de Protección de Datos tienes información oficial sobre tus obligaciones y los derechos de tus clientes. Es la fuente de la que hay que fiarse, no del foro de turno.

El cumplimiento legal no es un adorno del pie de página: es parte de tener la web en condiciones, igual que las copias de seguridad o las actualizaciones, que son de lo que hablé en cuánto cuesta mantener una página web y en si es seguro actualizar WordPress. La ley no pide que seas un experto: pide que sepas qué datos tratas y que lo digas con claridad. Lo que no admite es el silencio.

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