Cuando abro una web de WordPress para arreglarla, el primer sitio donde miro es la lista de plugins. Y casi siempre encuentro el mismo panorama: el del formulario que se instaló en 2019, el de la galería que nadie recuerda, el que prometía posicionar la web con un botón y el que vino de regalo con el tema (la plantilla que decide cómo se ve la web). Nadie sabe para qué sirven. Pero ahí están, activos, sumando peso.
Un plugin es un extra que se instala en WordPress para darle una función que no trae de serie: un formulario de contacto, una copia de seguridad automática, un botón de reservas. Es fácil, si un plugin no hace algo que tu negocio usa de verdad, fuera. Con cinco bien elegidos, la mayoría de las webs de negocio tienen de sobra.
Los cinco imprescindibles
| Función | Para qué sirve | Cuándo lo necesitas |
|---|---|---|
| Seguridad | Vigila los intentos de entrada, bloquea ataques y avisa si cambian archivos | Cualquiera que reciba datos de clientes |
| Copias de seguridad | Guarda una copia completa de la web para volver atrás si algo se rompe | Todo el mundo. Sin copias, un fallo es definitivo |
| Velocidad (caché) | Guarda cada página ya montada y la sirve al instante | Cualquiera; es el arreglo de velocidad más barato |
| Formularios | Crea el formulario de contacto o de reservas | Casi todos los negocios |
| SEO básico | Ayuda a decirle a Google de qué va cada página | Si quieres que te encuentren cuando te buscan |
Seguridad. El error aquí es acumular: dos plugins de seguridad haciendo lo mismo se estorban entre ellos y solo añaden peso. Uno con las defensas básicas activadas cubre lo que necesita un negocio. Al elegirlo, mira dos cosas en su ficha: cuándo se actualizó por última vez y cuánta gente lo tiene instalado. Un plugin sin actualizar desde hace dos años no está protegiendo gran cosa. Y si tu hosting (la empresa que aloja tu web) ya trae cortafuegos propio, revisa qué incluye antes de poner otro encima. Cuando el ataque ya ha pasado, el orden de comprobaciones está en creo que han hackeado mi web.
Copias de seguridad. De esta solo hay que mirar una cosa: si tu hosting ya guarda copias diarias y puedes descargarlas, quizá no necesites el plugin; si no las guarda, o solo las tiene el proveedor y no puedes sacarlas de ahí, instálalo. El más usado para esto es UpdraftPlus: lo configuras una vez y hace la copia por su cuenta. El cómo se hace y cómo se comprueba que la copia sirve está en cómo hacer una copia de seguridad de tu web.
Velocidad. El plugin de caché (guarda una copia ya montada de cada página y la sirve al instante, sin volver a generarla en cada visita) es el que mejor resultado da bien puesto, y también el que más estropea la web cuando se configura mal. El conflicto típico es tener dos a la vez, la del hosting y la del plugin: la web empieza a servir versiones antiguas y tus cambios no aparecen por más que recargues. Elige una y desactiva la otra. Lo demás que puede frenar un WordPress está en mi WordPress va lento.
Formularios. Montarlo cuesta diez minutos; el problema es que nadie comprueba que sigue funcionando. Un formulario deja de enviar mensajes por motivos aburridos: se cambió el correo de destino, el hosting empezó a bloquear los envíos, una actualización rompió algo. Haz la prueba cada pocos meses, rellenándolo tú como si fueras un cliente. Y si el plugin guarda copia de los mensajes en la web, ahí hay datos de clientes: revisa cómo se borran y limpia de vez en cuando.
SEO. Un plugin de SEO no posiciona nada por sí solo: no elige las palabras por las que quieres salir ni escribe los títulos. Te da el sitio donde escribirlos y te avisa si te dejas alguno. El SEO es el trabajo de que Google entienda tu web y la muestre cuando alguien busca lo que ofreces. Dos cosas concretas que puedes hacer con él: poner un título y una descripción propios en cada página importante, y decir cuál es la dirección buena cuando hay dos parecidas (la canónica). Sin eso, Google decide por su cuenta.
Cómo elegir sin arrepentirte
En el directorio oficial de WordPress, la ficha de cada plugin dice lo que no se ve a simple vista: cuándo se actualizó por última vez, hasta qué versión de WordPress está probado y cuánta gente lo tiene instalado. Esos datos dicen bastante más que la nota de las valoraciones. Un plugin sin actualizar en dos años está abandonado, por muchas estrellas que tenga. Y mira también quién lo mantiene: lo que de verdad dice si seguirá vivo es eso, una empresa que además vende una versión de pago detrás o una sola persona que cualquier día deja el proyecto.
Y con las versiones gratuitas pasa lo de siempre: para formularios, copias o SEO, la gratis cubre de sobra lo que necesita un negocio pequeño. Instala la gratuita y, si llega el día en que te falta algo concreto, paga por ese algo. Contratar la licencia el primer día suele traducirse en pagar todos los meses por funciones que nunca abres.
Los que suelen sobrar
- Un plugin duplicado: dos galerías, dos formularios, dos de seguridad. Se queda el que mejor cumpla y el otro se va.
- El de un solo uso: se instaló para migrar la web, probar un diseño o hacer un arreglo puntual. Ya cumplió, y sigue ahí porque nadie lo desactivó.
- El que promete SEO mágico: "posicionamiento con un clic", "miles de visitas automáticas". Si funcionara, el resto del mundo habría dejado de trabajar.
- El que repite lo que WordPress ya hace: desde hace años trae de serie editor de páginas, galerías e inserción de vídeo. Los plugins que duplican eso solo añaden peso.
- El que vino de regalo: temas y hostings instalan plugins de cortesía que no pediste. No son tuyos: revísalos y elimina los que no uses.
Lo que cuesta cada plugin de más
Cada plugin activo es una pieza más que actualizar y archivos que se cargan en cada visita, lo uses o no. Y cada actualización es un momento en el que algo puede romperse. Un plugin de más rara vez se nota el día que lo instalas. El coste está en la suma de los que sobran.
Compruébalo tú mismo
Entra en el escritorio de WordPress, abre "Plugins" y cuenta los que tienes activos. Después haz la ronda uno por uno y pregúntate para qué está cada uno. Los que no sepas responder, los duplicados y los que no hayas usado en meses, fuera.
Antes de tocar nada, ten una copia de seguridad hecha. Y no borres a la primera: desactiva el plugin y deja pasar unos días con la web funcionando normal (que llegue un formulario, que se vea la página de precios). Si nada se rompe, ya tienes la respuesta.
Cinco plugins que sabes para qué están hacen más por tu web que veinte que nadie recuerda haber instalado. Un plugin que ya no hace nada solo añade peso, actualizaciones pendientes y un riesgo que nadie mira.